Ventanas y vitrinas ante un ciclón: qué hacer con lo que queda de temporada
La temporada no cierra hasta el 30 de noviembre, y septiembre y octubre son los meses malos. En la mayoría de las casas lo primero que cede es el cristal.
El 1 de septiembre, los restos de la tormenta Dolly dejaron unas cien viviendas inundadas entre San Pedro de Macorís y Los Alcarrizos, aquí mismo en Santo Domingo. En Puerto Plata hubo locales comerciales con daños. No hubo muertos ni heridos, y por eso la noticia duró dos días.
Quedan dos meses y medio de temporada. Conviene mirar las ventanas ahora, con calma, y no el día que el COE saque el boletín y ya no haya material en ningún sitio.
La cinta pegada en equis no sirve de nada
Todo el mundo la ha visto y mucha gente todavía la pone. La cinta adhesiva cruzada sobre el cristal no evita que el vidrio se rompa. Lo que cambia es cómo se rompe: salen menos pedazos, pero más grandes, que es justo lo que no quieres volando dentro de la casa.
Los organismos de emergencia de la región llevan años repitiéndolo y la costumbre no se va. Si vas a gastar media hora en la ventana, gástala en cualquiera de las otras cosas de esta lista.
La protección va por fuera del vidrio
Un shutter, la cortina enrollable de lámina galvanizada, es lo que tienen casi todos los locales de la zona. Baja en un minuto y se queda ahí aunque no haya nadie. Para un sitio que pasa la noche solo, es lo único que de verdad tranquiliza.
La opción barata es el plywood, cortado con dos o tres centímetros de sobra por cada lado y atornillado al marco, nunca pegado. Es feo, hay que guardarlo todo el año y se moja, pero funciona.
Conviene ser claro con una cosa: el vidrio templado no es vidrio anticiclón. Aguanta mejor un golpe seco que el claro, pero cuando revienta se va completo y te deja el hueco abierto igual. El templado resuelve otras cosas, como una puerta de paso o una ducha.
En un negocio, la vitrina es lo caro
En una casa se rompe una ventana. En un local se va la vitrina completa de la fachada, y con ella la mercancía mojada y el día cerrado.
El viento levanta de la calle láminas de zinc, letreros y pedazos de madera. Eso es lo que atraviesa un cristal grande, y por eso el shutter se paga solo la primera vez que pasa algo.
Si el cristal ya se rompió
Mide el hueco terminado, de fondo a fondo del canal, en tres puntos, y quédate con la medida menor. Con ese número te cortamos el vidrio el mismo día si el tipo que necesitas está en existencia, y el corte va incluido con la compra.
Mientras tanto, tapa con plywood o con una lámina de zinc atornillada. Un plástico grapado aguanta la lluvia de esa noche, pero no aguanta el viento de la banda siguiente.
Media hora bien gastada antes del próximo aguacero
El agua casi nunca entra por donde uno cree. Entra por el canal de la ventana corrediza, que se tapa de polvo y hojas y deja de drenar. Cinco minutos con un destornillador y un poco de agua rinden más que cualquier otra cosa que hagas ese día.
Revisa también que las hojas cierren completo y que el pestillo agarre. Una corrediza que no traba se abre sola con la presión del viento, y ahí ya da igual qué vidrio tenga puesto.
Y mira los tornillos del marco por fuera. En ventanas de diez años es normal encontrar dos o tres flojos, y ese marco es el que sostiene todo lo demás.
Lo que tenemos aquí
Shutters en lámina galvanizada, ventanas de aluminio a la medida y cristal cortado el mismo día. Si vas a preparar la casa o el local, pasa antes de que apriete la temporada: en semana de ciclón llega todo el mundo el mismo día y no hay manos para atender a todos.
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